Devuélme a mi chica

Corría el año de Nuestro Señor de 1629 cuando aconteció la historia de esta joven chica de familia adinerada que conoció a su apuesto galán.

La clásica y maravillosa historia de amor ambientada en los Países Bajos del siglo XVII. Una delicada trama que nunca desaparecerá de la atmósfera romántica de la Amsterdam barroca.

Es de obligado cumplimiento presentar con todo lujo de detalles a los dos personajes principales ya mencionados y magistralmente plasmados por Rembrandt. Explicaremos sus historias a través del lienzo del artista:

Marten Soolmans

Marten pertenecía a una familia acomodada originaria de Amberes aunque vivía en Amsterdam. La riqueza de las ropas y la actitud de Marten, extendiendo el guante hacia el espectador refuerzan esta hipótesis. Alargar el guante suponía desde antaño el símbolo de la proposición matrimonial, transfiriéndose del padre al novio la autoridad sobre la novia. La figura se sitúa sobre un suelo embaldosado, creando un sensacional efecto de profundidad. Las luces procedentes de la izquierda resbalan por el cuerpo del burgués, destacando las calidades de las telas y los adornos de los zapatos y del cuello. La oscuridad de la zona izquierda enlaza con el negro del traje, animado por el blanco de los adornos.

Oopjen Coppit

Aparece con la mano izquierda apoyada mientras desciende al escalón. Levanta levemente su hermoso vestido de seda negra perlado con un corpiño alto, en el que destacan su amplio y ajustado collar de encaje y sus pulseras con adornos. En su cintura y en su zapato hay rosetones de encaje. Sus hermosos rizos quedan atrapados en la parte posterior con un sombrero; un grueso velo negro cae de ella por su espalda. En su garganta y en sus brazos hay varias cadenas de perlas, y hay una perla en cada oreja. Un anillo de oro cuelga de una fina cadena de su collar de encaje. En el fondo de la derecha hay una cortina verde azulada que resalta las proporciones de la joven chica.

El romance

La joven pareja vivía momentos de felicidad. Corrían y recorrían las calles de Amsterdam mostrando su amor. El tiempo se detenía cuando estaban juntos, no existía nada ni nadie más alrededor. Sólo Marten y Oopjen.

En la zona acomodada de Amsterdam todos hablaban de la joven pareja; eran ejemplo de unidad perfecta y juventud plena. La vida les sonreía…

El dilema

Marten no era ajeno a la realidad de su nación y tenía responsabilidades ineludibles para con ella. Como persona influyente que era no estaba exento de cumplimientos militares. Tuvo que acudir a la llamada del ejército nacional.

Y ya podéis haceros una idea de lo que ocurrió…

Había un joven cuyo brillo de ojos delataba a sus sentimientos acerca de Oopjen. Ella vivía ensortijada en el recuerdo y añoranza de los días pretéritos junto a Marten.

El joven supo convertirse en su apoyo en los momentos de melancolía de ella. Creando un vínculo de amistad y cercanía que, para él, era mucho más que eso.

Pero la joven chica sólo vivía para el momento de reencontrarse con Marten.

El reencuentro

Marten regresaba feliz, con una única idea en su cabeza: tener una nueva oportunidad de ver a su amada Oopjen.

Y la vio…

Pero, ¡Un momento! ¿Quién es ese desvergonzado? ¿Qué hace hablando con Oopjen? ¡Devuélveme a mi chica!

No hubo tiempo para el coloquio, ya que Oopjen, al girar la cabeza y ver a Marten, cambió la expresión de su rostro. Voló más que corrió al encuentro de Marten.

Y de aquel joven nunca más se habló ni se supo. Ni la historia guardó ningún recuerdo sobre él…

La Boda

Llegó 1634, Marten y Oopjen se casaron y fueron felices y comieron perdices y su descendencia quedó asegurada.

Y apareció Rembrandt para plasmar su amor en dos lienzos maravillosos donde se intuye que Oopjen está embarazada esperando el fruto de su felicidad, que ya será inmortal como obra de arte de la Humanidad.

Las dos figuras se encuentran en la misma estancia, como podemos comprobar por el suelo y las cortinas del fondo. Aunque estén separados por sus respectivos marcos, se comunican entre sí. En un gesto caballeroso, Marten parece estar esperando para recibir a su embarazada esposa (el color negro disimula un poco, pero se le nota bastante), que se acerca despacito, sujetándose con suavidad la falda para no caerse al bajar el escalón.

Lo que nadie recordará ni nombrará será el momento en el que el otro joven desapareció y Marten y Oopjen se encontraron y unieron para nunca más separarse.

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