¡Que no pare la fiesta!
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Cambiando un poco de temática y saliéndonos de los posts más serios: ¡hoy toca hablar de fiesta 🙂 !

No es descabellado pensar que existe tiempo para todo. Unas veces para cosas más importantes y otras para trivialidades como la de hoy.

Un pasado

En primer lugar, quería recordar un poco a modo de excusa que todos hemos sido jóvenes y que hemos tenido, quizá, errores de juventud. Podría decirse que hubo un tiempo pretérito en el cuál la música tecno era, para mí, lo más de lo más…

Ciertamente, la ruta del bakalao con el gran Chimo Bayo ya había terminado hace bastantes años, pero, aún así, entre la juventud el tecno era igual a la fiesta del momento.

Una profesión

Yo estaba muy «flipado» con ser DJ. Escuchaba a los grandes de la época; todos españoles como DJ Nano, DJ Napo o DJ Marta, auténticos cracks del «chunta chunta», cuando a David Guetta todavía no le conocían ni en su barrio… Por lo menos en el mío era así.

Recuerdo casi con nostalgia aquellas tardes de casette con la música «chusquera» todo el rato y disfrutando de alguna que otra bebida espirituosa soñando con estar en algún templo del tecno como Scorpia o Pont Aeri.

Un recuerdo

Uno crece, madura y va perdiendo interés en estos estilos musicales, pero también sería un error negar el pasado y hacer como si esa época de jerseys marca «Rottweiler», abrigo «l’igloo» y botas «Salomon» no hubiera existido. No, no, existió y tampoco hay que avergonzarse.

Es verdad que ahora escuchar más de 5 minutos de aquellos «temazos» hace que ineludiblemente acabe en el botiquín buscando una aspirina contra las migrañas, pero son cosas de la edad…

Una fiesta

En estos antecedentes de dudosa calidad musical y ya con mi playmobil viajero (que conocéis de otros posts) en pleno apogeo tuve la oportunidad de asistir a un buen «sarao».

La cena estuvo de 10, las actividades lúdicas también pero quedaba el fin de fiesta con barra libre donde los minis de horchata y los trinaranjus iban de un lado a otro sin control alguno.

Uno se introduce en el ambiente festivo y se mimetiza con el entorno, una auténtica cualidad del ser humano social. Cuando estaba en medio de la fiesta y gozando de algún tema disfrutón (seguramente de Manolo Escobar o Paquita Rico), mi mirada se fue ineludiblemente hacia la fuente de donde manaba el sonido: ¡la mesa de mezclas!

Una decisión

Y ya en mi mente sólo había una determinación tomada: ¡antes o después reunir el valor para acercarme allí y liarla!

Yo miraba de refilón constantemente al DJ, seguramente pensaría: ¡¡este tipejo que narices hace!!
¡Él no conocía mi historia como vosotros y mi pasión frutrada por ser DJ!

En un arrebato de valentía histriónica, decidí acercarme con mi playmobil en mano, el chaval enseguida se sintió intimidado por tan esperpéntica imagen. Pero enseguida comprendió que era buena gente, tras contarle cuales eran mis intenciones… Estuvo super amable y dejó que mi amigo el playmobil viajero cumpliera mi sueño de ser DJ por unos instantes.

Aquí surgió la fotografía y, por supuesto:

¡Que no pare la fiesta!

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